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Conociste
la verdad
Del que te ofrece su luz
Es el hermano Jesús
Que te brinda su amistad
En Cursillos de Cristiandad
El siempre cuenta contigo
Tienes que ser su testigo
En tu lindo caminar
Nunca vuelvas a fallar
Porque Jesús es tu amigo
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¿Qué es hacer apostolado?
Por: Sandra Ramos y Eduardo Lamadrid Aguilar
Esta pregunta rondaba en mi mente cuando hice mi cursillo. A pesar de haber
escuchado el domingo que Jesús me llamó para que fuera apóstol, no
comprendía qué quería decir con esto. Con el paso de los años, he vivido lo
que es ser apóstol. Cada día que pasa siento la responsabilidad de compartir
con otros la alegría de haber conocido a Cristo y cómo nuestro encuentro
cambió mi vida.
Durante el fin de semana del 23 de mayo, compartía con unas mujeres que
estaban hambrientas del amor del Padre. Mujeres que llegaron a Aguas
Buenas porque un día alguien dio un “SÍ” y se comprometió. En ese cursillo,
compartía con una hermana que me hablaba de cómo su médico le decía que no
sólo se trataba de buscar ayuda para el cuerpo y la mente sino para su
espíritu.
Allí estaba ella, deseosa de encontrar la paz y amor del Hermano Mayor, que
se reflejaba en los hermanos de su comunidad. Una vida solitaria se
transformaba en una vida que encontró hermanos y hermanas dispuestos a
ayudarla, pero sobre todo, el amor de un Dios que la esperaba.
Somos muchos los que hemos vivido la experiencia de conocer a Cristo en el
Movimiento de Cursillos de Cristiandad, pero el gran reto es extender su
presencia en la comunidad a lo largo del Cuarto Día.
Si en la Casa de Aguas Buenas recibimos continuamente hermanos hambrientos
del amor de Dios, traducido en la solidaridad del que escucha, en la bondad
del que sirve, en el abrazo del que consuela, en la sonrisa del que anima…,
del mismo modo, hay un mundo familiar, laboral, comunitario, esperando que
cada uno de nosotros le escuche, le sirva, le consuele y le sonría, en
nombre de Cristo.
Y de eso se trata el apostolado, esa gran palabra de origen griego “apostolos”,
que quiere decir enviado. Somos enviados del Señor, la Palabra lo dice y
nosotros la hemos escuchado mil veces: “Para que vayáis y deis fruto y
vuestro fruto permanezca”.
El fruto se obtiene al sembrar la semilla adecuada en el terreno preciso.
Cuando decimos que Jesús nos capacita estamos diciendo que nos suple de toda
clase de semilla buena, para que vayamos a sembrarla en el terreno en que
nos encontramos inmersos.
Recordemos, además, aquella imagen de que los seres humanos somos barro de
la tierra, moldeado por la mano de Dios y animado por su aliento (ruah=Espíritu).
Por tanto, tenemos que ir a esa “tierra”, es decir, al hombre y a la mujer,
para sembrarles de parte de Dios la semilla que necesitan.
Y para sembrar en el niño maltratado la semilla del afecto, en la
adolescente embarazada la semilla del respeto a la vida, en el hombre
atribulado la semilla de la confianza y en la anciana desamparada la semilla
de la compañía no tenemos que esperar que un sacerdote o una religiosa nos
envíe.
El apostolado es consustancial a nuestra naturaleza de bautizados. Ya Cristo
nos envió, y para llevar a cabo nuestra misión de apóstoles no necesitamos
que nos lo ordenen dos veces. Lo que necesitamos es vivir en sintonía con
Aquél que nos suple las semillas.
Lo demás es cuestión de imitar la sensibilidad de María, que pudo darse
cuenta de qué carecían los novios en Caná… y la humildad de Pedro, cuando
dijo: “No tengo oro ni plata, mas lo que tengo te doy, EN NOMBRE DE JESÚS DE
NAZARET, levántate, párate y anda”. Ser apóstol es sembrar.
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