LOS CASADOS EN SEGUNDAS NUPCIAS

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Conociste la verdad
Del que te ofrece su luz
Es el hermano Jesús
Que te brinda su amistad
En Cursillos de Cristiandad
El siempre cuenta contigo
Tienes que ser su testigo
En tu lindo caminar
Nunca vuelvas a fallar
Porque Jesús es tu amigo

Misión de la Reunión de Grupo

Por:  Rvdo. P. Juan Capó Bosch

La Reunión de Grupo es pieza fundamental para obtener una perseverancia creciente, ilusionada, a tono con los modos y el peculiar estilo ascético con que nacen los Cursillos de Cristiandad.  La razón es clara:  en la Reunion de Grupo se conjugan todos los elementos de la ascetica cristiana, tal como se vivieron en el Cursillo de Cristiandad y en un clima favorable para mantener y asegurar la actitud que se adoptó allí.

La Reunión de Grupo cumple una triple misión.  De la perfección con que se logre cubrir este triple objetivo, depende, no sólo la seguridad, sino  la alegrÌa creciente con que se vivirá el cristianismo y la permanente felicidad del Cursillo de Cristiandad, hecho vida evangélica y cálida preocupación apostólica.

1. Garantiza la presencia de Dios

 La Reunión de Grupo viene a ser la realización sensible de una consigna evangélica y, por lo mismo, garantÌa de la presencia de Dios entre nosotros:  "Donde dos o más...".

La Reunión de Grupo es vivencia del Cursillo por la compañía del amigo que con nosotros vive, vivió, la alegría de un mismo descubrimiento, la gozosa posesión de una misma gracia.

En Cristo y en el Espíritu Santo, cuya asistencia se invoca al principio de cada reunión, se vive el momento semanal de la amistad sobrenaturalizada.  Ante los hermanos, con naturalidad y con apasionamientos, en Dios se habla de los hermanos y de Dios.

2. Hace que nos sintamos Iglesia

La Reunión de Grupo hace que nos sintamos Iglesia, impulsándonos al mismo tiempo a vivir como Iglesia.  En la Reunión de Grupo es connatural, viene exigida por su desarrollo normal, la alegría por los éxitos apostólicos de cada uno de sus componentes y se sienten como propios, hondamente, los fracasos de los demás.

La piedad personal se siente vivamente estimulada, bien como respuesta personal agradecida por los éxitos, bien por la conciencia profundizada, dolorosamente sentida, de nuestra impotencia frente a los problemas apostólicos, violentamente puestos a plena luz en la comprobación de nuestros fracasos.  Todo ello, no se olvide, es vivido en el Grupo comunitariamente.

Un aspecto de primerÌsimo orden y que, efecto espontáneo de una Reunión de Grupo bien montada, es síntoma de que las cosas funcionan como deben, es que en la Reunión no se siente aquello que ha invalidado muchas entregas apostólicas, ha frenado muchas iniciativas sinceras, o que se ha venido en llamar:  respeto humano.

En el Grupo se crea un clima de criterio uniforme en sus puntos básicos de referencia.  Se piensa lo mismo y se siente de la misma manera, aún conservando las peculiaridades personales de temperamento o formación y esta naturalidad en la comunicación hace sensible la conciencia de apoyo y de ayuda, haciendo a los componentes del Grupo más valientes para las cosas de Dios.

El seglar, con conciencia viva de que tiene que actuar en cristiano en su propia circunstancia, fermento vivo en un sector del tiempo y del espacio que Dios le ha confiado a Èl, aumenta en la Reunión de Grupo el voltaje espiritual de su entrega entusiasmada, no se pierde de vista, más allá de los límites de su propia circunstancia, la católica vastedad de los últimos objetivos que Cristo señala a la Iglesia y a los católicos de su tiempo.

¿Cómo es posible conseguir todo esto en y con  la Reunión de Grupo?  La Reunión de Grupo no es sino la convivencia semanal donde se comparten con sinceridad apasionada, ocupaciones y preocupaciones, éxitos y fracasos, proyectos, ilusiones, cansancios...  Donde se vive semanalmente la maravilla del contacto entre hombre de trabajo y de lucha que se re˙nen porque les preocupa hablar de Dios y de la salvación del mundo.

Hablamos en un párrafo anterior cómo la Reunión de Grupo hace sentir que se acrece la valentía en el compromiso cristiano.  No se olvide que es Reunión de amigos -es ésta una observación fundamental- donde actúa la fe y, por lo tanto, el tono normal del ambiente es el de la generosidad-heroísmo y el de una firme seguridad de victoria.

Una vez más, confluyen aquí Cursillo de Cristiandad y Reunión de Grupo, al hacerse realización sensible la expresión que en el Cursillo fue certeza teórica:  “Cristo y yo, mayoría aplastante“.

3. La reunión de grupo actúa en tercer lugar las tres exigencias fundamentales para el desarrollo de un cursillo de cristiandad:  ilusión, entrega y espíritu de caridad.

        En el cursillo de cristiandad se pide esta triple aportación como un esfuerzo personal mínimo del que honradamente quiere hallar la solución que en el cursillo se brinda.  El estilo de un cristianismo activo y responsable, surgido como descubrimiento gozoso de los tres días del cursillo, exige normalmente la permanente aportación de la ilusión, entrega y espíritu de caridad, que lo hicieron posible con la gracia de Dios.

 Ilusión

Cuando en el cursillo de cristiandad se pide a los asistentes que aporten ilusión, suele hacerse la advertencia de que, aunque para el cursillo de cristiandad es necesaria la ilusión, el cursillo no es una ilusión.

Juego de palabras que se presta, sin embargo, a una advertencia importante y esclarecedora.  Ilusión indica aquí un modo adjetivo.  El contenido es otro, la ilusión es uno de los trazos de su silueta existencial, uno de los rasgos de su fisonomía concreta.

¿Qué entendemos aquí por ilusión?  Se ha dicho que los cambios de impresiones, las conversaciones de pasillo, dan lustre a las ideas. No suelen aportarlas, las ideas son patrimonio previo de la conversación que se mantiene, pero la conversación fija su contorno y subraya los aspectos fundamentales de su contenido.

Cuando el limpiabotas -la comparación que creemos que es gráfica-  limpia nuestro calzado, empleará la crema como materia fundamental, pero el frotamiento inteligente y posterior de la gamuza le dará al calzado la luminosidad precisa.  La ilusión tiene esta función en el adecentamiento de nuestro ser cristiano.  Ella es el brillo, lo que da luminosidad a nuestro quehacer evangélico, es la actitud radiante de nuestro actuar cristiano.

En el cursillo, se pide ilusión en la entrega al quehacer, que se marca para cada momento; en la reunión de grupo la ilusión se pide y se consigue, se contagia y se recibe -no olvidemos la estructura y el condicionamiento comunitario de la reunión de grupo-; no es la misma ilusión que se pedía el primer día del cursillo, sino la ilusión con que se vive la verdad encontrada en el cursillo.  Es la ilusión, siempre acrecentada por compartida, del Cristo encontrado en el amigo, en el enfermo, en el hermano, en el sacerdote, en los sacramentos…

En contacto con los demás componentes, es fácil descubrir el rostro de Dios en cada cosa, trocar en alegría las penas y en esperanza los fracasos, leer la lección del Viernes Santo en el contexto de la Pascua, la presencia de Dios en cada vida.

 Entrega

En la reunión de grupo se actualiza constantemente la entrega. Disposición previa, exigencia metodológica para la marcha ordenada del cursillo de cristiandad, la entrega resulta también la gran lección definitivamente aprendida en el cursillo:  Darnos a Dios en los hermanos para que ellos se encuentren en Dios.

Entrega no es rendición sin condiciones.  Si esto fuera así, no sería honrado pedirla sin más a los que se encuentran, muchas veces sin fe ni esperanza, en el umbral de un cursillo.  Entrega es una actitud de disponibilidad.  Es suscribir un cheque por el que se nos otorga un crédito de confianza más o menos restringido.

La entrega, como actitud florecida ya en el cursillo, es una actitud de disponibilidad para cuanto Dios quiera exigirme.  Entrega es la espiritualidad del SÍ y del AHORA.   No olvidemos que el cursillo, más que convicción intelectual en sus resultados,  fue certeza práctica, fue realidad vivida.

Uno de los elementos liberadores y que más conforman el momento de mayor tensión espiritual de los tres días del cursillo es precisamente el de la generosidad, el descubrimiento de que con Dios se dialoga sólo a condición de rendirnos al cerco de Su Gracia, sin condiciones, es decir, la entrega.

La reunión de grupo, la permanencia de la verdad, de la gracia y del ambiente del cursillo, estimula la entrega en el flujo y reflujo de compartir con  otros la alegría de la generosidad que hace constantemente posible el milagro de la gracia de Dios hecha vida y carne en la calle, en la familia, en la profesión, en la vida de cada uno. 

(Continuará:  El tercer elemento, el espíritu de caridad, se publicará próximamente.)

 

 
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